
Y es que según las pruebas, en condiciones ideales el teléfono pudo recargarse lo suficiente como para estar en modo de espera o stand by, pero el tiempo de habla era muy corto y mejor ni imaginarse otras actividades como escuchar música o navegar por Internet. Esto ocurrió incluso en condiciones ideales, con sujetos probando aparatos en el Círculo Polar Ártico, Suecia, Kenia y hasta en un bote navegando por el Mar Báltico.
Los problemas son, primero, que el espacio para colocar el panel solar es muy reducido, puesto que los teléfonos móviles por supuesto que son pequeños. Además, el ángulo en el que debe entrar la luz es demasiado específico, haciendo la recarga algo poco practicable en la realidad cotidiana, dejándonos a todos con ilusiones para el futuro, no el presente.