Lo hemos conversado antes… Estamos en una guerra realmente ridícula
respecto a quién tiene el teléfono con más núcleos, cuál es el más
poderoso, el que marca mejor en los benchmarks, cuál tiene más de esto o
de aquello. Un sin sentido que no aprovecha el potencial real de los
equipos antes que su vida útil finalice a los ojos del fabricante.
Sin embargo, esta tendencia se rompe desde hace algún tiempo.
Da gusto notar que los fabricantes se concentran en mejorar la apuesta a
nivel de software para así entregar un conjunto algo más equilibrado a
las manos de nuevos compradores de smartphones sin importar la gama que
elijan. Y es que por fin estamos un poco más “alineados” tanto los
clientes como las empresas, pues entendieron que el teléfono no sólo
tiene que hacer lo mismo que el modelo anterior de forma más rápida,
sino que tiene que hacer cosas nuevas… Cosas realmente nuevas.
Eventos como el de Samsung para la presentación del Galaxy S4
muestran que, a la larga, el hardware sólo tiene una pequeña cabida
dentro de sus lanzamientos, y — en general — en los de casi toda la
industria últimamente. Las tripas del teléfono se han vuelto una excusa
para justificar la optimización de su software y lo bien que corre.
Es como si no importara la forma de llegar al resultado óptimo mostrado,
pues lo que busca el cliente es — simplemente — sacarle partido a lo
que tiene para hacerlo.
Lo mejor de todo es que tras algunos meses esas mejoras introducidas a
teléfonos nuevos terminan “chorreando” hacia modelos más antiguos, lo
que — finalmente — deja contentos a los que adquieren un nuevo equipo y a
los que se quedan con los viejos. Sí, porque esto le suma valor al
consumidor al comienzo de la vida útil del equipo, luego le agrega valor
a la mitad del proceso, y finalmente lo vuelve a hacerlo al tiempo en
que ese teléfono pasa a un nuevo dueño, creando ciclos de renovación más
largos y menores índices de obsolescencia.
Puede ser la crisis que afecta a múltiples mercados relevantes, o puede
ser una tendencia que realmente termine marcándose a nivel mundial la
que permita entregarle algo más de vida a nuestros equipos. Sea como
sea, hay que agradecer que exista una voluntad de parte de los
fabricantes por entregar herramientas que diferencien a sus productos de
los de otras marcas, pero que dentro de su propia gama de aparatos
exista homogeneidad, aunque conseguirla lleve algún tiempo. Eso — a la
larga — democratiza el acceso a tecnología en cierto modo.
Con todos aquellos fabricantes que tienen algo original que ofrecer desarrollando estas buenas prácticas en Windows Phone y Android,
y tomando en cuenta que Apple ya lo hace con iOS en cierto modo. esto
ya se perfila como una realidad, y — esperemos — esté acá para quedarse
por un buen rato.
